Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
2 Y
si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y
si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y
si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si
entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
12 Ahora
vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora
conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.
1 de corintios 13:1-13
Jesús, con sus enseñanzas, provocó la más grandiosa de las
transformaciones del mundo, en su mentalidad y en sus leyes. Entre
muchas enseñanzas resalta el amor como la base de la convivencia humana,
en la familia, en la iglesia y en la sociedad en general. El amor que
Jesús enseñó es un concepto muy elevado pero posible de practicar, de
hecho, él mismo mostro en su propia experiencia como llevarlo a la
práctica. Eso nos anima a pensar que el amor el posible y que es la
solución a tantas situaciones de odio e injusticia que se viven a
niveles individuales y sociales.
En nuestros tiempos la palabra amor ha perdido sentido. Se usa con tanta
frecuencia y en forma indiscriminada que llegamos a confundir su
significado. El amor del que hablamos es algo más que el amor entre una
pareja y es algo mayor que el que comúnmente se da entre amigos. En la
mayoría de los casos el amor que se declara depende del atractivo
físico, de la conveniencia material y de la correspondencia del ser
amado, es decir, amamos a quienes nos aman y somos indiferentes a los
demás, este es el “amor porque”, o sea, te amo porque eres bueno…
atractivo… agradable… inteligente… rico… etc. En nuestra Biblia la
palabra utilizada es ágape, amor ágape es amor incondicional, podríamos
decir que es “amor a pesar de”, te amo a pesar de que no me ames… a
pesar de que me hagas daño… a pesar de que no me des nada. Esta es la
forma en que Cristo nos amó, al grado que estuvo dispuesto a entregar
por nosotros su vida, ese es el amor al que estamos llamados. Por eso
dice Jesús que amemos a nuestros enemigos y hagamos bien a quienes nos
hacen mal. El apóstol Pablo hace una descripción de esta clase se amor
en 1 Corintios 13.